Agujeros.

  Publicado en El Día de Zamora y El Periódico de Castilla y León el viernes 31 de julio de 2026.

No va a ser aquí donde yo les vaya a aclarar si se dice o escribe abujero, agujero, ahujero, etc., pero sí les diré que al mirar en el diccionario su significado me sorprendió que un agujero sea alguien que fabrica o vende agujas. Yendo a lo concreto, un agujero implica un hueco en algún sitio. Cuando el hueco se encuentra en el suelo se le llama hoyo y cuando el hueco lo tienen ustedes dentro se le llama vacío. Para la física el vacío es un espacio sin materia, si bien para la psicología el vacío emocional es una sensación de insatisfacción profunda y describe siete tipos diferentes, que digo yo que si ha llegado a esa conclusión es porque la cosa les ha llevado tiempo de estudio. Así, se nos habla de vacío de identidad, de amor propio, de propósito, de pertenencia, afectivo, existencial y espiritual. Si se fijan, de cada cosa casi siempre suele haber siete: días de la semana, pecados capitales, niños de Écija, colores del arco iris, notas musicales, continentes, maravillas del mundo antiguo… No nos olvidemos de que, según la Biblia, Dios creó el mundo en seis días y descansó al séptimo. Parece ser que el siete, para la numerología, es un puente entre lo espiritual y lo terrenal porque está compuesto por el número tres, que significa lo sagrado y el cuatro que simboliza la tierra. Vaya gilipollez lo de la numerología, a la altura del horóscopo, pero aquí los tengo yo entretenidos cual trilero con el siete y los agujeros y a estas alturas ustedes ya no saben dónde está la bolita. Les pido disculpas, está feo burlarse de los lectores y más decírselo así a la cara. Pero es que miren, estamos terminando ya el séptimo mes del año y yo tengo acumulados ya todos los vacíos esos de los que les he hablado antes y cuando uno ya lo ha dado todo no se le puede pedir más. Así que permítanme que me despida de ustedes hasta septiembre, donde espero que todas estas tonterías esotéricas se me hayan pasado ya y que la bajada de las temperaturas permita a mi cerebro encontrarse mejor que ahora. Al menos un poco, no me pidan milagros. Ah, y lo de los vacíos emocionales no traten de llenarlos con cosas materiales o alcohol. Acepten lo que sienten y tiren como puedan. Y lo dicho, hasta septiembre ya estaría.

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Tensión.


            Publicado en El Día de Zamora y El Periódico de Castilla y León el viernes 26 de junio de 2026.

26 de junio ya eh. Nos hemos comido más de medio 2026 casi sin habernos dado cuenta. Pero de lo que sí se estarán dando cuenta ustedes es del calorazo que está haciendo y  de lo que nos queda, porque sí, nos queda todo julio, todo agosto y si las cosas devienen como en los últimos años, casi todo septiembre. Y a eso súmenle que los aparcaderos oficiales de sus criaturas, llámenlos guarderías (ahora no se las denomina así pero no me he parado a mirar la designación políticamente correcta), llámenlos colegios, llámenlos institutos, etc. están cerrados y ustedes tienen que aguantarlas en casa día tras día, hora tras hora, minuto tras minuto… Más tiempo de convivencia familiar y hasta social, porque “como hace bueno” pues tienes que salir más. Y vienen aquellos amigos que están en la diáspora y quieren quedar contigo sí o sí, o peor, vienen familiares de fuera a visitarte. No habrá cosas que ver en el mundo que tenéis que venir aquí a dar la turra eh. Y todo esto, más el calor y esa luz antinatural que se prolonga hasta las diez de la noche, hace que la tensión se dispare. La tensión arterial y la relativa a la paciencia, porque el hecho de tener más tiempo libre, más disponibilidad, no implica una mayor predisposición a la vida social o familiar. En estos días, y los que están por venir, las agendas se llenan de reuniones improvisadas, de planes que no se desean pero que se aceptan por inercia y aumenta la “necesidad” de aprovechar el verano y de no desperdiciar el tiempo (con lo fan que soy yo del “dolce far niente”) lo cual convierte el ocio en una obligación más. También desaparece la bendita rutina, por lo que, ante la ausencia de unos horarios más o menos fijos, los límites entre el tiempo para uno y el compartido se confunden y eso cabrea (iba a escribir irrita, pero no estoy yo para eufemismos ñoños). A esto súmenle que según los expertos “el calor elevado y duradero en el tiempo, típico de una ola de calor, afecta a nivel psíquico al disminuir las emociones positivas e incrementar las negativas como la irritabilidad, apatía, mal humor, confusión, estrés y desánimo”. Si Saturno, que pese a vivir en un planeta a -140º, vamos, fresquito, se acabó comiendo a sus hijos, imaginen lo que algunos podemos hacer con 40º. Dicho queda.

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La tentación.

             Publicado en El Día de Zamora y El Periódico de Castilla y León el viernes 29 de mayo de 2026.

Así a bote pronto, cualquier tentación supone un agujero en el conocimiento que creemos tener sobre nosotros mismos, dado que, si algo nos provoca a hacer o no hacer, implica mostrar nuestras vulnerabilidades atacando nuestro autocontrol. Dice la R.A.E. en su primera acepción que la tentación es la instigación o estímulo que induce el deseo a algo, que con esto ya queda bastante claro lo que queremos decir, aunque a mí me gusta más la tercera definición, que nos aclara que la tentación es la solicitación al pecado inducida por el demonio. “Pleased to meet you hope you guess my name” que dirían los Rolling Stones. Pero centrémonos en lo principal, ese “hacer algo” que nos dice la R.A.E. casi siempre está encaminado a hacer algo incorrecto; el deber moral, la racionalidad, sucumben al placer inmediato. Esto ya lo trabajó Aristóteles cuando estimaba que uno actúa en contra de su propio juicio por la consecución de un placer inmediato, o Kant, que decía que la tentación intenta desviar a la persona del cumplimiento del deber. Pero miren, para cuatro ratos que vamos a estar en este mundo, conviene caer en alguna tentación de vez en cuando. Porque esa lucha agotadora que se libra en nuestro cerebro entre la contención y la tentación consume demasiada energía y al precio que se ha puesto esta no conviene malgastarla. No concibamos la tentación como una debilidad, sino como algo inherente a nuestro proceso evolutivo. Sin un poco de gula, por ejemplo, que nos lleva a almacenar algo de grasa corporal, la especie humana no podría haber sobrevivido a periodos de carestía de alimentos. ¿Ven? Sin gula hay extinción de la especie. Otras tentaciones un poco más al sur de sus barrigas adiposas también nos han llevado a la diversidad genética y a la evolución. Hoy día las tentaciones nos rodean hasta saturarnos, además se nos presentan personalizadas por obra y gracia de los algoritmos y nos empujan hacia la vanidad y el narcisismo. No les diré yo que todo el rato, pero de vez en cuando, insisto, caigan en la tentación, porque si satisfacemos el deseo este pierde poder sobre nosotros. O algo así decía Oscar Wilde.

Y por hoy, ya estaría.

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Las fotos.

           Publicado en El Día de Zamora y El Periódico de Castilla y León el viernes 1 de mayo de 2026.

No sé si son conscientes de la cantidad de fotos que hacemos a lo largo del año. Fotos de eventos, de vacaciones, fotos aleatorias donde antes, hace ya tiempo, por el contrario, se requería una cierta preparación o certeza. En ese tiempo del que les hablo, las fotos requerían una cámara y un carrete, así que dada la limitación del contenido de ese carrete había que escoger muy mucho lo que se quería inmortalizar porque después ese contenido debía pasar por manos ajenas para el proceso del revelado, y sólo unos días después podíamos acceder a lo que habíamos fotografiado. Sí, por resumir me he saltado el periodo de las cámaras instantáneas y el de las de usar y tirar, pero céntrense en el comienzo del texto. La galería de nuestro teléfono contiene fotos guardadas que apenas volvemos a ver, que hicimos en un momento que ya no recordamos y en las que a su vez aparecen personas cuya identidad desconocemos, gente que pasaba por allí cuando usted hizo clic (ya sé que no suena así, pero permítanme la licencia viejuna) y que se ha incorporado a nuestra memoria, aunque sería más acertado decir a la memoria de nuestro dispositivo móvil. Y esto es trasladable a los teléfonos de otros que hicieron fotos y en las que aparecemos nosotros al fondo como una parte más del paisaje retratado. ¿Qué sucede con esos extraños, o con nosotros, cuando nos incorporamos a los recuerdos de otros? La respuesta más radical es la eliminación, porque ahora casi todos los terminales permiten editar las fotografías borrando aquello que nos estorba, gente incluida, para darnos una falsa apariencia de exclusividad, pero hay veces que esos extraños, y nosotros para ellos, nos quedamos a vivir en esos teléfonos volviendo a sus casas, a Fukuoka, a Cali, a Nuku’alofa, a Bollullos del Condado, da igual el destino. No es que en cada fotografía una parte de nuestra alma queda atrapada, sino que en al quedar retratados en esas fotos espontáneas se está construyendo una identidad sobre nosotros que rara vez tiene que ver con lo que somos. Es una réplica nuestra pero no somos nosotros, es un fingimiento de nuestra realidad, una instantánea de un momento que queda inmortalizado para que alguien, en algún lugar del mundo o en cualquier red social, enseñe un sitio en el que usted no es más que parte del atrezo. La vida.

Y por hoy, ya estaría.

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Masoquismo.

            Publicado en El Día de Zamora y El Periódico de Castilla y León el viernes 27 de febrero de 2026.

Nos dice la R.A.E. que el masoquismo es la perversión sexual de quien goza con verse humillado o maltratado por otra persona o la complacencia en sentirse humillado o maltratado, que para ser viernes con el añadido de “de dolores” está más que bien traída esta referencia. El pasado 15 de marzo fueron las elecciones autonómicas de Castilla y León, y también nos vale la indicación del masoquismo para analizar algunos de sus resultados. Así, en las comarcas de la Sierra de la Culebra, arrasadas por los incendios estos últimos años y dejadas de la mano de dios (o de Dios, como  ustedes prefieran, que les dejo elegir por ser hoy el arranque de la Semana Santa) y de la mano de la Junta, ganó el Partido Popular. En la comarca de Tábara, que llevan luchando por una sanidad digna desde hace años, también ganó el Partido Popular. Las competencias de la gestión tanto de lo uno como de lo otro son autonómicas, y desde Doña Urraca, más o menos, esta comunidad autónoma nuestra es gobernada por el Partido Popular. Pero esperen, que no vamos a fijar el foco sólo en el espectro azul. En Sanabria ganó el PSOE. Por si no lo recuerdan, en esa zona se suprimieron varios trenes AVE que a día de hoy no se han recuperado y la competencia para eso depende del gobierno central, o sea, del PSOE. ¿Son masoquistas los habitantes de esas zonas de nuestra provincia? Pues no lo sé, pero su comportamiento parece decirnos que sí. Y este fenómeno, el de votar a quien ya te ha perjudicado, es bastante común porque nuestros cerebros prefieren defender una mentira conocida antes que aceptar un error. Preferimos justificar nuestras decisiones, aunque los hechos nos demuestren lo contrario, porque aceptar que nos equivocamos duele más que seguir engañados. Esto también vale para sus relaciones personales, pero de eso hoy no vamos a hablar aunque la semilla se la haya plantado en sus cerebros y ahora sólo estén pensando en ello. Arranca hoy la Semana Santa en Zamora, que no es poco decir. Disfrútenla si así lo desean o vívanla apartados si ese es su parecer, pero tanto en un caso como en el otro no den la turra al prójimo. Y por hoy, ya estaría.

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Lo común.

 Publicado en El Día de Zamora y El Periódico de Castilla y León el viernes 27 de febrero de 2026.


En los tiempos que nos ocupan lo común tiene muy mala prensa. Lo común no es sólo lo público, entendido esto como aquello que nos proporciona el estado y que financiamos en gran medida con nuestros impuestos, sino que debe ser entendido como algo más importante o amplio, como un territorio en el que compartimos nuestra vida con los demás. La convivencia es la base de lo común y cuando esa convivencia se tensa la armonía desaparece y se empiezan a buscar soluciones individuales. Desde hace un tiempo la corriente mayoritaria, soplada por un neoliberalismo quizá mal entendido, nos empuja a aislarnos para que surja el individuo por encima de todo, intentándonos hacer ver que lo común constriñe a ese individuo hasta anular su libertad. A mi entender, esta concepción sólo cabe si percibimos a la persona como un mero ser productivo: “eres lo que produces”, y de ahí que la red de protección que genera lo común, la comunidad, se mire como algo sospechoso, porque pareciera que lo común fuera en contra de lo productivo. Lo común, como llevo intentando explicar y pese a quien le pese, es lo que nos une. Incluso hoy día cuando lo que se premia es la meritocracia individual y se tiende a que cada uno viva en su burbuja y se aísle de los demás, aunque nos lo intenten ocultar o disfrazar, seguimos siendo vulnerables. Y esa vulnerabilidad nos une. ¿Ven? Ya tenemos algo en común. Y si la vulnerabilidad se descuida el siguiente paso es la fragilidad, y lo frágil se rompe con más facilidad que lo vulnerable. Y no, esto no son palabras vacías, porque igual a usted le están intentando hacer creer que es invulnerable y que no necesita de lo común para sobrevivir, y por eso usted aplaude o se inclina por aquello que fomenta la destrucción o la minimización de esa red pública, de esa manta que nos da cobijo en mayor o menor medida. Hay sectores que han sembrado la idea de que la invulnerabilidad es sinónimo de éxito, que sólo vale consumir y emprender, el individualismo por encima de todo, el individualismo como negación de la vulnerabilidad, convirtiéndonos así en, o seres productivos, o seres irrelevantes. Sin el apoyo de lo común es probable que usted, que ha llegado hasta esta línea pensando que todo lo que ha leído son paparruchas y que sólo usted se ha creado a sí mismo, no estuviera entre nosotros. Pero como tampoco creerá en el nosotros… Pues NOSOTROS seguimos aquí.

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La vida.

           Publicado en El Día de Zamora y El Periódico de Castilla y León el viernes 30 de enero de 2026.

Está cara la vivienda. Está cara la luz. Está cara la fruta. Está cara la leche. Está caro el pescado. Está caro el pollo. Está caro el café. Está caro el gas. Está cara la gasolina. Está caro el ocio. Están caras las comunicaciones. Está caro el transporte. Están caros los viajes. Está caro el vestuario. Está caro el pan. Están caras las patatas. Está caro el aceite. Está cara la higiene. Están los huevos… Está cara la salud. Está cara la justicia. Está cara la Justicia. Está cara la puntualidad. Está cara la honestidad. Está cara la sinceridad. Está cara la honradez. Está cara la verdad. Está cara la amistad. Está cara la realidad. Está cara la convivencia. Está cara la empatía. Está cara la generosidad. Está cara la responsabilidad. Está cara la lealtad. Está cara la confianza. Está caro el respeto. Está cara la templanza. Está cara la sabiduría. Está cara la tolerancia. Está cara la humanidad. Está cara la humildad. Está cara la paciencia. Está cara la gratitud. Está cara la bondad. Está caro el coraje. Está caro el esfuerzo. Está cara la asertividad. Está caro el cuidado. Está caro el humor. Está cara la sonrisa. Está cara la alegría. Está caro el abrazo. Está caro el compromiso. Está cara la compasión. Está cara la cooperación. Está cara la imparcialidad. Está cara la imaginación. Está cara la creatividad. Está cara la persistencia. Está cara la dignidad. Está cara la conversación. Está caro escuchar. Está cara la confidencialidad. Está cara la benevolencia. Está cara la reflexión. Está cara la autocrítica. Está cara la discreción. Está cara la sencillez. Está cara la educación. Está cara la minuciosidad. Está cara la ecuanimidad. Está cara la misericordia. Está caro el optimismo. Está cara la resiliencia. Está caro el amor. Está caro el entusiasmo. Está cara la curiosidad. Está cara la bondad. Está caro el altruismo. Está cara la igualdad. Está cara la libertad. Está cara la democracia. Está caro vivir.

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Rage against the machine.

            Publicado en El Día de Zamora y El Periódico de Castilla y León el viernes 19 de diciembre de 2025.

Rage against the machine o RATM, fue un grupo musical de rock/punk norteamericano que apareció allá por 1991 y se disolvió, más o menos, en 2019. Que por qué les hablo hoy de esta gente, pues miren, más que de ellos les vengo a contar que su nombre fue tomado de un discurso de Karl Marx y su filosofía se centra en la revolución social y política, criticando de manera feroz el imperialismo y la opresión gubernamental, para dar voz a la lucha contra el statu quo, promoviendo el activismo y la conciencia social a través de letras combativas inspiradas en ideas de izquierda y revolucionarias. Su canción “Killing in the Name” es una protesta que denuncia la brutalidad policial y el racismo, inspirada por la paliza a Rodney King, un taxista de Los Angeles. Rage against the machine podría traducirse como rabia, ira, contra la máquina. ¿Y cuál es esa máquina contra la que hay que luchar? Pues según Marx, el capitalismo. Viene perfecto esto para los días de consumismo desenfrenado de las navidades, pero también para extender esa lucha no ya sólo contra el capitalismo como tal, sino contra el poder. El poder de andar por casa, me refiero. El de ese policía que se cree más de lo que es sólo por llevar uniforme, el del médico y su bata con ínfulas de dictador, el del juez que va más allá de lo que sus puñetas le permiten… en definitiva, todos aquellos que en cualquier conversación podrían decirte eso de “usted no sabe con quién está hablando”. Finales de 2025 y todavía hay personas, y cada vez más, que abrazan ideologías que abogan por entregar derechos y libertades a cambio de una falsa idea de seguridad. El problema no es ya que haya un sector ciudadano que sea partidario de eso, siempre estuvieron ahí, sino que tales ideas hayan calado tanto que sus fétidas aguas nos cubren mucho. Vaya texto les estoy escribiendo eh, para sacarlo con los postres de la cena de Navidad y acabar a hostias con media familia. Perdón.  Y contra eso hay que luchar, porque damos por hechas muchas cosas, me refiero a los derechos y libertades que les he citado un poco más arriba, que de un plumazo pueden evaporarse y que volver a traer iba a costar un esfuerzo descomunal. Luchen contra la máquina y disfruten (o no) de las navidades, que no es incompatible.  Y por hoy, ya estaría.

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Los bordes.

          Publicado en El Día de Zamora y El Periódico de Castilla y León el viernes 28 de noviembre de 2025.

Buen día. No, no les voy a escribir sobre esas personas que según la R.A.E. son impertinentes, apáticas o mal intencionadas, sino sobre la locución preposicional que nos indica que estamos “muy cerca de”. Porque, a veces, uno no se da cuenta de lo cerca que está de algo hasta que ya lo ve ahí, presente, posible. Un estado donde se confrontan las finitudes y los misterios de la vida, como el miedo, la muerte o la duda, permitiendo una reflexión profunda sobre lo que somos y lo que nos rodeaYa les digo yo que la situación sobre la que les estoy escribiendo no da, al menos en el momento, para una reflexión profunda sobre lo que somos. Porque en el momento en el que uno se encuentra en ese borde no es consciente de que lo está. En realidad no es consciente de casi nada, uno es un pelele manipulado por terceros desconocidos, y ni siquiera se da cuenta de esa manipulación. No debemos confundir los bordes con los límites, así, el límite es el fin, más allá del límite no hay nada, mientras que el borde es aquello mediante lo cual el límite hace contacto. El límite existe entre dos bordes diferentes, separa y une las entidades que delimita. En el borde uno se asoma al abismo, pero no lo supera. Hace unas semanas estuve al borde de la muerte, que dicho así suena como muy trágico, pero no soy yo de hacer dramas sin más. Para empezar, como me tengo por persona coherente, me enfrenté a la muerte como aparecí en la vida; desnudo y sin ser muy consciente de lo que estaba pasando. Después tuve que aprender a volver a hablar y a volver a caminar, que me ha llevado menos tiempo que la primera vez, y ya luego la cosa ha ido más o menos rodada. La primera conversación que tuve también la compartí con mi madre, como la primera vez, aunque en esta ocasión no fue para solicitar amantamiento, sino para bromear sobre la oportunidad perdida de haber celebrado el Día de los Santos por todo lo alto. No le hizo gracia. Tampoco le hizo gracia lo de haber pasado Halloween diciendo “susto o muerte” habiéndonos quedado en el susto. También les digo, la baza de usar lo de “hazme caso, que he estado a punto de morir” no está colando todo lo que yo me esperaba. Y sí, por hoy, ya estaría.

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La autenticidad.

            Publicado en El Día de Zamora y El Periódico de Castilla y León el viernes 26 de septiembre de 2025.

Permítanme, a modo introductorio, agradecer a este fresco del otoño recién estrenado que me dé la vida de la misma manera que me la quita la canícula agostil, así que en por ese lado las cosas van yendo a mejor. Quizá sólo por ese lado.

      Y esta vez, voy a intentar escribirles sobre la autenticidad. De manera clásica hemos concebido a la autenticidad como un valor que hace referencia a la persona que dice la verdad, acepta la responsabilidad de sus sentimientos y conductas, y es sincera y coherente consigo misma y con los demás. “Sólo sé tú mismo”, se nos ha dicho o hemos recomendado en múltiples ocasiones, como si el ser uno mismo fuera un valor per sé. Y a cuenta de repetir machaconamente ese mantra de “sólo sé tú mismo” lo hemos llevado a una obsesión que se ha extendido a todos los ámbitos, de tal manera que el hecho de ser auténtico ha dejado de ser una aspiración moral o ética para ser una estrategia comercial. El ideal de la autenticidad ha tomado posesión del espíritu de la mayoría al infiltrarse en la religión, la cultura, la política, la economía… y ello ha provocado que queramos buscar, incluso encontrar, un sentido a todo. Al convertirse en un producto de consumo masivo y rápido, cual hamburguesa de franquicia alimentaria, la autenticidad deja de ser tal porque no requiere el más mínimo esfuerzo o dedicación. No puede mezclarse la autenticidad con la libertad, en el sentido de que para llegar a ser auténtico, hay que establecer límites. Si dejamos a los niños ser auténticos sin más para que sean ellos mismos, estaremos criando pequeños tiranos que querrán hacer lo que les apetezca a cada momento con la excusa de que así están alcanzando la autenticidad. Igual sucede con nuestros políticos, que, a fuerza de querer mostrarse auténticos, en el sentido más populista del término, pretenden hacernos creer que sólo con eso resolverán nuestros problemas. Con autenticidad no se resuelven los asuntos económicos, sanitarios o educativos de un lugar, se requiere inteligencia y capacidad, se requiere responsabilidad, pero todo ello ha sido colonizado por el absurdo ideal de la autenticidad. Autenticidad en el paraíso de las noticias falsas, de los bulos, del uso torticero de la inteligencia artificial. Recuerden, ser uno mismo no lo justifica todo. Y por hoy, ya estaría.

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Las vacaciones.

            Publicado en El Día de Zamora y El Periódico de Castilla y León el viernes 1 de agosto de 2025.

Agosto ya, mes vacacional por excelencia. Permítanme ser poco original con el asunto sobre el cual les voy a escribir esta vez. No voy a hacerles una guía turística sobre destinos exóticos o no exóticos, pero sí les comentaré la conveniencia del periodo vacacional entendido como un modo de poseer cierto tiempo libre. Pero libre eh, no vinculado a la necesidad social de matarse a hacer cosas para luego “presumir” de ellas en sus redes sociales. Las vacaciones han de entenderse como un descanso. Fin. Hay que desvincularse de esa obligación que nos ha convertido en seres productivos, ya sea desde un punto de vista mercantil o laboral, ya sea desde un punto de vista lúdico-festivo. Todo lo que les quiero transmitir los italianos lo resumen en su conocida frase “dolce far niente”, la cual podríamos traducir como “el placer de no hacer nada”. Y nada significa eso mismo; nada. Dejen pasar el tiempo de manera relajada y sin necesidad de realizar labores o actividades fructíferas, asómense al balcón de su casa con una taza de café y vean pasear a los viandantes, conviértanse ustedes también en viandantes, en paseantes más bien, apartados de cualquier obligación y, por supuesto, de la tecnología. Es más, no lo hagan por esa necesidad absurda de “cargar las pilas” (les he dicho que se aparten de la tecnología), háganlo por placer, noten la relajación de la mente, aprovechen la tregua térmica para notar el aire en el cuerpo y respiren, respiren profundamente. Muy importante esto que les voy a decir: nada de sentirse culpables por abandonarse a este relajo. No son ustedes perezosos por ello, ni haraganes, ni vagos, sino que están aprovechando el tiempo dejándolo pasar sin más. Y si no me quieren hacer caso a mí, háganselo a Epicuro, que ya en su tiempo hablaba sobre la importancia de disfrutar de momentos de tranquilidad y placer sin la presión del trabajo constante. Inacción y contemplación, huyan de esas vacaciones en las que hay que batir el récord de visitas a lugares, las colas interminables y las actividades recreativas agotadoras. Y como me gusta predicar con el ejemplo, por hoy y hasta septiembre, ya estaría.

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El poder.

           Publicado en El Día de Zamora y El Periódico de Castilla y León el viernes 27 de junio de 2025.

Arranquemos diciendo que el poder, para las ciencias sociales, es la capacidad de un individuo o de una organización para dirigir o influir en el comportamiento de las personas. Y pareciera que con esta definición no habría nada más que añadir al respecto, pero dejen que me remangue. Siempre surgen interrogantes en torno al poder: ¿Es fuerza? ¿Es influencia? ¿Es liderazgo? ¿Es maldad? ¿Es corrupción? Tal vez sea todo eso y más. Lo que sí es cierto es que el poder puede transformar a las personas; algunas se sienten empoderadas, vamos, que se vienen arriba, mientras que otras se ven abrumadas, agobiadas por él. En estos tiempos, a los mortales nos podría dar la impresión de que el poder es más accesible que nunca, porque con tener unos cuantos seguidores en alguna red social y obtener de ellos algunas interacciones, los hay que ya se creen por encima del bien y del mal. Pero no. Con el acceso a la información que tenemos, se podría aseverar que el poder lo daría la educación en tanto en cuanto implica la capacidad de comprender el mundo que nos rodea, y tomar decisiones (beneficiosas para nuestro entorno) al respecto. Desde una perspectiva espiritual, también cabria decir que el poder no sólo se trata de ordenar, de dominar, sino de asumir la responsabilidad de servir a los demás: “El que quiera ser el primero, que sea el último y el servidor de todos” (Marcos 9:35). Por no darles mucho más la turra con los ejemplos, concluiremos que, aunque lo pareciera, el poder no da la felicidad. Siendo la felicidad el anhelo principal del ser humano (esto lo digo yo porque me da la gana) el obcecarse por obtener el poder no debe aportar felicidad alguna, que vayan ustedes a saber todo lo que vamos dejando por el camino para alcanzar esa meta. Ya termino con esto, de verdad. También hay una responsabilidad personal en nosotros acerca de a quien o a quienes les damos poder. Cada vez que votamos en unas elecciones, cada vez que compartimos un contenido o una opinión en una red social o en la plaza de nuestro pueblo, estamos dándole una cuota de poder a alguien que vete tú a saber cómo lo administra, así que piensen bien lo que hacen no vaya a ser que la cosa se tuerza (más) y ya no haya manera de desfacer el entuerto.

Y por hoy, ya estaría.

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El tiempo.

           Publicado en El Día de Zamora y El Periódico de Castilla y León el viernes 30 de abril de 2025.

No, no vengo hoy a contarles que ya hace calor y que, aunque sólo llevemos tres o cuatro días en su compañía, ya echo de menos las tardes de manta, las noches de nórdico, los paseos con plumas y jersey de cuello vuelto. No. Hoy les vengo a hablar del tiempo como concepto cronológico. Aunque los que vivimos en Zamora tenemos la fortuna de no tener la prisa metida en el cuerpo como sucede en otras capitales más pobladas y extensas, en las charletas solemos coincidir casi todos con la cuestión recurrente de que no tenemos tiempo, como si fuéramos el Conejo Blanco de “Alicia en el País de las Maravillas”. Pocas veces nos planteamos qué haríamos si tuviéramos más tiempo porque probablemente no sabríamos que hacer con él, aunque no siempre es necesario “utilizar” el tiempo y también está más que bien dejarlo pasar sin más, “il dolce far niente”, la agradable experiencia de disfrutar del paso del tiempo dejándose llevar por los propios pensamientos. La cosa es que a muchos les puede dar miedo ese dejarse llevar porque carecen de pensamientos, ya sean estos propios o implantados por un tercero o por una IA. Si ustedes son gente intrépida y carecen de ese miedo, les invito a pensar sobre lo efímero y a la vez eterno del tiempo, por qué cuando lo estamos pasando bien el tiempo parece volar mientras que cuando desarrollamos una labor tediosa o padecemos algún sufrimiento el momento se nos hace eterno. Ay, la relatividad del tiempo… Miren si es una dimensión relativa que un señor gallego, alcalde de una villa luminosa, iluminada más bien, para ahorrarse unos 25 minutos en un viaje en tren a la Capital del Reino de España, propuso eliminar las paradas de esos trenes en nuestra tierra. 25 minutos son el 1,73% de los minutos que tiene un día. 1,73% para destrozar el día a día, el sustento, la atención médica y académica de muchas personas. “Muchas” también es un término relativo, pero nosotros, los afectados, no debemos relativizarlo y sí exigir a quien corresponda que nos devuelvan ese 1,73% del día para poder subsistir. Y a aquellos que quieren ahorrarse esos 25 minutos de trayecto les recomiendo que los usen para no hacer nada o al menos para no hacer daño a nadie.

Y por hoy, ya estaría.

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La normalidad.

            Publicado en El Día de Zamora y El Periódico de Castilla y León el viernes 25 de abril de 2025.

Si me leen ustedes desde Zamora, que suele ser lo más habitual, entenderán que el artículo de hoy esté dedicado a la normalidad. Después del trajín, inaudito para la actividad que esta ciudad se gasta, la semana siguiente al Domingo de Resurrección suele ser de descompresión, similar a la de los buzos que se sumergen a grandes profundidades y que les permite que el cuerpo elimine gradualmente el exceso de gas acumulado durante una inmersión. No es que en esta semana los zamoranos nos dediquemos a eliminar gases convirtiendo nuestra ciudad en un cúmulo de flatulencias, sino que vamos recuperando los ritmos pausados, las calles semivacías, el respirar lento y profundo… Miren que a la psicología social le cuesta definir a la normalidad, también porque es un concepto que se utiliza de manera indiscriminada, pero en el caso que les estoy exponiendo todos coincidimos en qué es lo anómalo y qué lo habitual. Anómalo es pasear por nuestras calles la madrugada de un jueves al viernes, y más extraño encontrarte con seres vivos a esas horas. Anómalo es sentarse en una acera durante horas y comerte un par de bolsas de pipas, aunque anómalo también es tener una ciudad entera levantada por las obras aunque eso haya devenido de un tiempo para acá en nuestra normalidad… Así, en unos días, hemos cambiado el bullicio, las bandas de música y el mirar al cielo constantemente por las pulsaciones bajas y el ruido de los martillos neumáticos y las radiales. Zamora vuelve a su somnolencia habitual, a mirarse en el Duero desde un puente reformado, a la laxitud absoluta. Que viene bien cierto descanso después de tanto ajetreo, pues sí. Pero llevamos decenios de descanso sin que nadie o nada nos despierte del letargo, salvo la primera luna llena después del equinoccio de cada primavera. Saquen ustedes sus propias conclusiones.

En otro orden de cosas, también normales, ha fallecido un señor mayor de 88 años que estaba muy delicado de salud. Déjenle descansar en paz.

Y por hoy, ya estaría.

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El agua.

            Publicado en El Día de Zamora y El Periódico de Castilla y León el viernes 28 de marzo de 2025.

Sabemos que el agua es un elemento esencial para la vida en nuestro planeta, para el desarrollo de las actividades humanas, el mantenimiento de los ecosistemas, etc, etc. Ahora bien, también sabemos que nuestra relación con el agua va mucho más allá de la cosa biológica y científica, y que diferentes religiones la han adoptado como símbolo. Así, los budistas tratan de ser como el agua para integrarse con la naturaleza (igual de aquí sacó Bruce Lee lo de “be water my friend”), para los hinduistas el agua es la sustancia primordial de la que nacen todas las formas, para los judeo cristianos la voz “agua” aparece 582 veces en el Antiguo Testamento y es usada tanto para describir la creación, como la destrucción, la purificación, la regeneración y el amor. El agua acompaña al espíritu divino y a su relación con los hombres en todas las etapas de la larga historia bíblica, ya saben: “todo el que beba del agua que yo le dé nunca volverá a tener sed” y cosas así. También su movimiento ha inspirado a la danza, a la pintura y al arte en general, pero en el último mes el sentimiento popular es que nos hemos saturado de agua. Dejen de lado las desgracias personales y materiales ocurridas no tanto por el agua sino más bien por la negligencia humana y céntrense en el líquido elemento como tal. Toda esta lluvia nos ha afectado en el ánimo, a cada uno de una manera, y ha dejado unas buenas reservas para cuando llegue el tórrido verano con sus temperaturas inhumanas y podamos disponer de agua sin restricción alguna. Para ir terminando, vamos con tres reflexiones: la primera, recuerden que el agua, la salada, lo cura todo. Las lágrimas, el sudor y el agua del mar son el mejor alivio para los males del cuerpo y del alma. La segunda; que si han acabado de marzo y sus lluvias hartos, recuerden el dicho y que en breve estamos en abril, donde al parecer, aguas mil. Y la tercera, que visto el panorama social conviene traer al día de hoy la estrofa de la canción de Pablo Guerrero “tiene que llover a cántaros”.

Y por hoy, ya estaría.

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La carcoma.

            Publicado en El Día de Zamora y El Periódico de Castilla y León el viernes 28 de febrero de 2025.

La carcoma, la común, porque al parecer hay varios tipos de carcoma, es un insecto xilófago que puede causar daños considerables en la madera. No me pregunten qué demonio es un insecto xilófago porque aparte de no ser este un artículo enfocado a la entomología, el que sea común o no también nos es irrelevante. La cosa es que podemos encontrarnos con que, sin saber cómo, la carcoma nos invade la casa y devora nuestros muebles con daños irreparables para estos si no se toman las medidas adecuadas. Bueno, pues de un tiempo a esta parte en nuestra sociedad se ha instalado la carcoma con el ánimo de devorar las bases de nuestra convivencia. Y aquí es donde usted puede seguir leyendo este artículo o donde puede dejarlo pasar. Si cree que la carcoma a la que me refiero es a la inmigración, la igualdad de los seres humanos, la igualdad de géneros, la consolidación de los derechos sociales y cosas parecidas que sólo han contribuido a acabar con la entidad de España y con nuestros valores tradicionales, ya puede dejar de leer. Si por el contrario, usted no es un demógrafo de pacotilla, un supremacista racial, un machista o un liberal extremo, quédese porque esto va por usted. Mire, de un tiempo a esta parte la carcoma acampa por las calles sin que nadie le esté parando los pies y además está teniendo gran implante en gobiernos, parlamentos y demás instituciones públicas. Y no tiene pinta de que la cosa termine ahí ni de que termine bien. En lo más lejano, pero que nos afecta de lleno, tenemos las políticas del presidente de los EE.UU., llevando a Guantánamo, prisión militar de alta seguridad, a 30.000 inmigrantes y subiendo, exterminando políticas públicas y sociales, etc. y en lo más cercano, el pasado domingo los neonazis alemanes han sacado diez millones y medio de votos, que siendo neonazis pues ya saben de qué pie cojea esa gente. Pero antes fue Italia, Hungría, Francia… Lo más “gracioso” es que todos ellos nos hablan de traernos la libertad como si ahora viviéramos en la opresión de la peor de las dictaduras, cosa que para su imaginario es así, pero vaya dictadura más dictablanda en la que vivimos cuando puedes manifestarte contra el gobierno, salir en los medios de comunicación criticándolo e incluso afirmar eso mismo, que vivimos en una dictadura. No les pido que se enfrenten a ellos físicamente, porque cuando peleas con un cerdo en una charca el cerdo disfruta pero tú te manchas. Sólo les pido que les hagan frente en las urnas. Mientras nos dejen.

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La vida es una promesa.

            Publicado en El Día de Zamora y El Periódico de Castilla y León el viernes 24 de enero de 2025.

Les cuento. Lo habitual es que, cuando les escribo a ustedes, yo ya tenga una idea más o menos preconcebida del tema a tratar y que, cuando termino el texto, lo titule. Encontrar un título suele costarme y además me da bastante pereza, por lo que suelen ser cortos, concretos, sin mucho adorno y directos sobre la cuestión de la que les escribo. Esta vez ha sido al revés, y como los imprevistos suelen escamarme busqué en internet a ver si había una canción de éxito actual, un libro, una película, un algo que se llamara así y que yo de manera inconsciente o subconsciente estuviera plagiando. Como no era el caso, me he visto obligado a escribirles un artículo, una cosa, cuyo contenido encajara con el título, lo cual de entrada no me está resultando fácil. Sí he concluido con que la vida es una eterna promesa. Cuando somos pequeños prometemos a nuestros padres portarnos bien, esta promesa es una constante vital, más tarde les prometemos que sí, que este trimestre sí vamos a estudiar, y conforme vamos creciendo hacemos promesas a troche y moche a terceros e incluso nos hacemos promesas a nosotros mismos. Somos conscientes todos de que cumplimos muy pocas, ¿verdad? La promesa no deja de ser un compromiso y puede que por el miedo que nos da comprometernos hayamos diseñado una amalgama de estrategias para neutralizarla, porque ese compromiso nos vincula en el presente y también reorganiza nuestro futuro. ¿Ven como sí da miedo? Además, la promesa le da valor a nuestra palabra porque si cumplimos con lo prometido ganamos credibilidad ante la persona o personas con las que nos comprometemos. No son estos buenos tiempos para confiar en la palabra de alguien así sin más, sobre todo porque estamos rodeados de personas que aparentan confiar en sí mismas sin ningún atisbo de duda, que hacen de esa apariencia la base para demostrar su capacidad y buen hacer. Y ya saben, no es conveniente fiarse de las apariencias que como dice el refranero “no es oro todo lo que reluce”. Quédense mejor, a mí me gusta más, con la versión de “no todo lo que es oro reluce”, que es parecida pero no dice lo mismo. Traten de mantenerse cerca de los que ratifican con hechos sus palabras y traten de huir de aquellos locuaces de palabras y promesas vacías. Para que no vivan ustedes en una constante decepción. Y por hoy, ya estaría.

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Equilibrio.

              Publicado en El Día de Zamora y El Periódico de Castilla y León el 20 de diciembre de 2024. 

Hoy voy a empezar esto contándoles una intrahistoria, una con poca chicha pero que ha motivado el contenido de este artículo. La semana pasada el director de este periódico me dijo que tenía que escribirle algo para la hornada del día 20 de diciembre y según sus palabras textuales “que le hiciera de Grinch”. Ya sé que está feo revelar conversaciones privadas, pero de vez en cuando conviene aclarar cómo se generan según y qué cosas y de ahí la “traición” que cometo con D. Enrique Onís Fernández la cual espero que me perdone. Y la verdad es que este viernes, anhelado como casi todos por el mero hecho de ser viernes, en este caso es la puerta de entrada al periodo navideño en propiedad, no esa especie de antesala que comienza cada vez más pronto y que hace que cuando llega el verdadero meollo casi nos de hasta pereza y sólo deseamos que pase lo mejor y más rápido posible. Y aquí ya nos metemos en materia y les cuento que da igual si a ustedes les gusta la navidad o no, porque esta va a pasar por encima de ustedes de una manera u otra. En cualquiera de los casos, yo les pido que no sean turras, quiero decir; si son fanáticos del periodo navideño disfrútenlo como les venga en gana e incluso intenten sumar a sus filas a aquellos que sean más reacios pero sin ser cansinos, que por lo que sea no todo el mundo es fan de la paz o del amor. Y si ustedes detestan o sencillamente no gustan de la ficción social de las navidades no sean vinagres y traten de vadearlo lo mejor posible sin amargar la existencia a aquellos que les rodean. A los primeros también les pediría que trataran de extender sus buenos propósitos durante todo el año, no se vuelvan ustedes los cabrones de siempre a partir del seis de enero por la tarde, y a los segundos les sugeriría que se quitaran la cara de ajo aprovechando la gastronomía del momento e hinchen sus carrillos de las viandas propias de esta época. Y a todos pediría, por favor, que ya que les he sugerido que no sean turras con la cosa navideña o antinavideña, no sean turras el resto del año tampoco, que ya sabemos que son ustedes todólogos y conocen de primera mano, y son expertos, de cualquier asunto de la vida cotidiana. Para finalizar, no podían faltar mis mejores deseos para todos ustedes tanto ahora, que es navidad, como para el resto del año que viene. Y ánimo, que también será necesario cuando las fuerzas flaqueen.

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Lo normal.

              Publicado en El Día de Zamora y El Periódico de Castilla y León el 29 de noviembre de 2024. 

Los que estén acostumbrados a leerme, cosa que nunca recomiendo y de lo que todavía se pueden ustedes curar con algún tipo de tratamiento médico, ya estarán acostumbrados a que, de vez en cuando, les escriba sobre la normalidad. Y es que reconozco que es un tema que me apasiona porque en nuestro día a día nos encontramos con comportamientos que resultan aberrantes pero que los que los ejecutan los consideran normales. Lo normal, lo habitual u ordinario que dice la R.A.E. en su segunda acepción, se está convirtiendo en inusual no porque no sea lo frecuente sino porque está alcanzando niveles de monstruosidad intolerables. Es una monstruosidad intolerable la continua masacre del pueblo palestino, las muestras armamentísticas de Rusia y sus aliados, las salidas de tono de Trump y sus palmeros, la tergiversación de la realidad, la mala educación… podría hacerles una lista mucho más amplia y con ella llenaría mi columna sin ningún tipo de esfuerzo narrativo, lo cual me costaría un tirón de orejas del director, así que vamos a parar aquí. Nos hemos acostumbrado a vivir en esa normalidad igual que el escarabajo pelotero se ha acostumbrado a hacer bolas con la mierda y miren, no es bueno acostumbrarse a la cochambre porque nos lleva a la miseria intelectual. Damos por evidente esa “normalidad” y ello nos anula un mínimo de sentido crítico por temor a destacar entre la bazofia y también por comodidad. Si nos dejamos arrastrar por la corriente no hace falta que nos esforcemos en mover las extremidades para nadar, pero es probable que las aguas de la normalidad nos acaben ahogando. Que nadie nos garantiza que intentando nadar vayamos a salir de la corriente, pero igual si somos muchos los que nadamos en el otro sentido logremos que el cauce cambie. Ingenuo, me llamarán algunos, aquellos que no me llamen gilipollas, que seguro que también los hay. Pero miren, es mejor ser un ingenuo y un gilipollas con pensamiento crítico que no un conformista por el que piensan otros. Y sí, cada uno es libre de decidir qué hacer con el tiempo que se le ha dado, pero el tiempo pasará y sus decisiones quedarán ahí, en la memoria. Y cuando alguien, en un futuro, mire un poco hacia atrás pensará: ¿y esto era lo normal? Y se avergonzará. O eso espero yo, que soy un ingenuo. Y sí, para otros un gilipollas, no gasten neuronas en pensarlo.

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Memoria.

         

              Publicado en El Día de Zamora y El Periódico de Castilla y León el 1 de noviembre de 2024. 

En la R.A.E. hay ocho acepciones diferentes para el término “memoria”, si bien la primera va a ser con la que nos quedemos, y en esta se nos dice que la memoria es la facultad psíquica por medio de la cual se retiene y recuerda el pasado. Por desarrollar un poco el concepto, la memoria nos permite guardar en nuestro interior experiencias tales como sentimientos, sucesos, imágenes o ideas. En definitiva, cualquier elemento que pertenece a nuestro pasado. Deducimos de todo esto que la memoria resulta esencial en nuestro aprendizaje, dado que gracias a ella nos adaptamos mejor a nuestro entorno y a sus necesidades. Ahora bien, ¿es la memoria un mero almacén, un depósito de “objetos” que con el paso del tiempo se degradan, desvirtúan o resulta difícil de acceder? Pues podríamos afirmar que no sólo es eso, dado que aunque, en efecto, en ella almacenemos información, tal información se combina y se relaciona con el entorno añadiendo más datos sobre el contexto, lo cual también hace que esa estricta información a veces se vea alterada, por lo que al rememorar no sólo recuperamos situaciones del pasado, sino que se generan representaciones de ese pasado, formas nuevas, creencias sobre el pasado. Entonces, si al recordar generamos nuevas representaciones y creencias sobre el pasado, ¿es la memoria fiable? Pues parece ser que no, dado que la información no la almacenamos tal y como la vivimos, sino que la pasamos por una especie de “filtro emocional”, con lo que el evento queda distorsionado incluso en el mismo momento en el que lo estamos viviendo y si encima tal elemento luego lo interconectamos con otros elementos similares es como si lo estuviéramos reescribiendo, con lo que una misma situación vivida en grupo puede ser recordada de maneras diferentes por todos los que participaron de la misma. Por tanto, si cada vez que recordamos algo lo que está haciendo el cerebro es reconstruir lo que pasó, añadiéndole diferentes emociones, el suceso está siendo editado y modelado una y otra vez, luego no parece conveniente fiarnos de nuestra memoria como si fuera el notario de nuestra vida. Así que vayan dejando a la memoria de lado y cedan el paso a un elemento muy conectado a  ella como es el olvido. Olvídense de todo o de casi todo, o reinterpreten su vida a su conveniencia y no hagan esfuerzos por rememorar las cosas tal y como fueron, lo cual ya hemos visto que es imposible, sino que háganlo con todos los aderezos que les parezcan convenientes. Dicho queda, acuérdense de esto.

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