Publicado en El Día de Zamora y El Periódico de Castilla y León el viernes 2 de octubrede 2026.
No, no les voy a escribir hoy acerca de lo relativo o referente a la monarquía, sino más bien de las cosas sobre las que podemos tener certeza o no. Es complicado en octubre de 2026 saber qué es real y qué no. Pero vamos, que ya era complicado unos 400 años antes de Cristo, y así, Platón defendía que lo verdaderamente real no eran las cosas físicas que cambian, sino las ideas inmutables que habitan en el mundo inteligible. Vayan ustedes a saber qué nos quiso decir Platón con esto porque no vamos a profundizar en ello ni vamos a hacer un estudio filosófico a través de los tiempos de lo que es real. Sí podemos diferenciar entre las apariencias y lo real, y para lo primero no tendríamos más que darnos un paseo por redes sociales como Instagram o LinkedIn, porque la apariencia es cómo se nos muestran las cosas a través de los sentidos, mientras que la realidad es lo que existe de manera objetiva e independiente de si lo percibimos o no. Las redes sociales hoy día serían la plasmación del viejo dicho de “la procesión va por dentro”, una manera de mostrar una vida de felicidad, belleza y lujo mientras que en la realidad, en la mayoría de los casos, hay un “sufrimiento” y una alteración superlativa de la sinceridad. Pero esta modificación no sólo sucede dentro de la banalidad de las redes sociales, sino que nos la encontramos girando la esquina de cualquier calle o prestando atención a cualquier medio de comunicación. Así, en 2017 se acuñó la expresión “hechos alternativos” para defender unas cifras falsas sobre la asistencia a la investidura de Donald Trump, vamos, una expresión utilizada para referirse a declaraciones que contradicen la evidencia empírica o los datos demostrables, o sea, para enmascarar la realidad. ¿En qué sociedad vivimos para que haya sido necesario crear una expresión que pretenda dotar de veracidad a lo que es falso de manera palmaria? Pues sí, vivimos en la era de los hechos alternativos, de la posverdad, un tiempo en el que la opinión pública se modela cada vez más en función de la emoción y las creencias personales y cada vez menos conforme a la razón y la evidencia. Por eso es tan fácil sembrar dudas y desinformar, por qué la verdad es tan difícil de alcanzar y por qué se nos hace vulnerables a la manipulación de la confianza.
Y por hoy, ya estaría.
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