Publicado en El Día de Zamora y El Periódico de Castilla y León el viernes 26 de junio de 2026.
26 de junio ya eh. Nos hemos
comido más de medio 2026 casi sin habernos dado cuenta. Pero de lo que sí se
estarán dando cuenta ustedes es del calorazo que está haciendo y de lo que nos
queda, porque sí, nos queda todo julio, todo agosto y si las cosas devienen como
en los últimos años, casi todo septiembre. Y a eso súmenle que los aparcaderos
oficiales de sus criaturas, llámenlos guarderías (ahora no se las denomina así
pero no me he parado a mirar la designación políticamente correcta), llámenlos
colegios, llámenlos institutos, etc. están cerrados y ustedes tienen que
aguantarlas en casa día tras día, hora tras hora, minuto tras minuto… Más
tiempo de convivencia familiar y hasta social, porque “como hace bueno” pues
tienes que salir más. Y vienen aquellos amigos que están en la diáspora y quieren
quedar contigo sí o sí, o peor, vienen familiares de fuera a visitarte. No
habrá cosas que ver en el mundo que tenéis que venir aquí a dar la turra eh. Y
todo esto, más el calor y esa luz antinatural que se prolonga hasta las diez de
la noche, hace que la tensión se dispare. La tensión arterial y la relativa a
la paciencia, porque el hecho de tener más tiempo libre, más disponibilidad, no
implica una mayor predisposición a la vida social o familiar. En estos días, y
los que están por venir, las agendas se llenan de reuniones improvisadas, de
planes que no se desean pero que se aceptan por inercia y aumenta la “necesidad”
de aprovechar el verano y de no desperdiciar el tiempo (con lo fan que soy yo
del “dolce far niente”) lo cual convierte el ocio en una obligación más.
También desaparece la bendita rutina, por lo que, ante la ausencia de unos horarios
más o menos fijos, los límites entre el tiempo para uno y el compartido se
confunden y eso cabrea (iba a escribir irrita, pero no estoy yo para eufemismos
ñoños). A esto súmenle que según los expertos “el calor elevado y duradero en el tiempo, típico de una
ola de calor, afecta a nivel psíquico al disminuir las emociones positivas e
incrementar las negativas como la irritabilidad, apatía, mal humor, confusión,
estrés y desánimo”. Si Saturno,
que pese a vivir en un planeta a -140º, vamos, fresquito, se acabó comiendo a
sus hijos, imaginen lo que algunos podemos hacer con 40º. Dicho queda.
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