La tentación.

             Publicado en El Día de Zamora y El Periódico de Castilla y León el viernes 29 de mayo de 2026.

Así a bote pronto, cualquier tentación supone un agujero en el conocimiento que creemos tener sobre nosotros mismos, dado que, si algo nos provoca a hacer o no hacer, implica mostrar nuestras vulnerabilidades atacando nuestro autocontrol. Dice la R.A.E. en su primera acepción que la tentación es la instigación o estímulo que induce el deseo a algo, que con esto ya queda bastante claro lo que queremos decir, aunque a mí me gusta más la tercera definición, que nos aclara que la tentación es la solicitación al pecado inducida por el demonio. “Pleased to meet you hope you guess my name” que dirían los Rolling Stones. Pero centrémonos en lo principal, ese “hacer algo” que nos dice la R.A.E. casi siempre está encaminado a hacer algo incorrecto; el deber moral, la racionalidad, sucumben al placer inmediato. Esto ya lo trabajó Aristóteles cuando estimaba que uno actúa en contra de su propio juicio por la consecución de un placer inmediato, o Kant, que decía que la tentación intenta desviar a la persona del cumplimiento del deber. Pero miren, para cuatro ratos que vamos a estar en este mundo, conviene caer en alguna tentación de vez en cuando. Porque esa lucha agotadora que se libra en nuestro cerebro entre la contención y la tentación consume demasiada energía y al precio que se ha puesto esta no conviene malgastarla. No concibamos la tentación como una debilidad, sino como algo inherente a nuestro proceso evolutivo. Sin un poco de gula, por ejemplo, que nos lleva a almacenar algo de grasa corporal, la especie humana no podría haber sobrevivido a periodos de carestía de alimentos. ¿Ven? Sin gula hay extinción de la especie. Otras tentaciones un poco más al sur de sus barrigas adiposas también nos han llevado a la diversidad genética y a la evolución. Hoy día las tentaciones nos rodean hasta saturarnos, además se nos presentan personalizadas por obra y gracia de los algoritmos y nos empujan hacia la vanidad y el narcisismo. No les diré yo que todo el rato, pero de vez en cuando, insisto, caigan en la tentación, porque si satisfacemos el deseo este pierde poder sobre nosotros. O algo así decía Oscar Wilde.

Y por hoy, ya estaría.

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