Publicado en La Galerna el 19 de septiembre de 2019.
Pónganse en
situación. El pasado día 15 de septiembre se celebró la asamblea de socios
compromisarios del Real Madrid. Ahí estaba Florentino Pérez y a sus pies un
páramo. No me malinterpreten, no estoy queriendo decir que los socios
compromisarios del Madrid sean un terreno yermo, un lugar frío y desamparado.
Me estoy refiriendo a la práctica habitual de exhibir a los pies de la mesa
presidencial los títulos deportivos obtenidos durante la campaña anterior, y
por extensión, a la ausencia de estos este año. Vale que se ganó el campeonato
del mundo de clubes, pero ser sólo campeón del mundo no da para sostener al
Real Madrid. Así es la grandeza de de esta institución, que conviene recordarlo
para que no se nos olvide a los prójimos, dado que los ajenos, por temor
reverencial expuesto en forma de odio, suelen tenerla más presente. Transcurría
esa mañana entre cifras, datos, planes estratégicos y demás asuntos propios de
estos actos, cuando alzó la voz el socio 1776. Yo no sé cómo se llama este
señor, pero tengo entendido por sus palabras que es un señor ya de una edad
avanzada (se refirió a sí mismo como “una persona de mi edad”). Tras estas
primeras palabras, el Sr. 1776 espetó: "Una persona de mi edad y de mi condición puede
permitirse el lujo de hacer el ridículo de vez en cuando y además sentir placer
por ello, pero siempre lo hago con un gran respeto. Señor presidente, si yo
fuera capitán del Real Madrid, ese lujo no me lo podría permitir. Oiga usted,
para usted ya eso, que está todos los días en Instagram, en Facebook... Mire,
lo hizo una vez, incluso me hizo gracia, se presentó con un sombrero rosa que
incluso me hacía gracia. El Madrid se merece un respeto". Anecdótico,
podrán decirme, pero déjenme tomar como propio el estandarte del Sr. 1776. Me
dirán que son otros tiempos, pero si uno ve las imágenes públicas de D. Alfredo
Di Stéfano (hagan el favor de ponerse de pie) siempre se mostró con un aspecto
pulcro; traje, corbata y pelo engominado hacia atrás hasta que la alopecia hizo
sus estragos. No es la vestimenta que nuestro actual capitán suele portar, y
eso que al inicio de todas las temporadas los medios del club se esmeran en
enseñarnos cómo los jugadores se prueban el traje oficial e incluso posan con
él. Bien es cierto que uno ve a Toni Kroos con traje y corbata y le dan ganas
de entregarle hasta a su propia hija, pero tampoco vamos a pedir peras al olmo.
Si Sergio Ramos es un trabajador del Real Madrid y tiene un traje oficial, que
le dé uso. Y me refiero a que mientras se mueva por cualquier instalación del
club o en cualquier acontecimiento de este, porte el uniforme que el Real
Madrid le ha facilitado. Bien es cierto que el Real Madrid no es el Eton College (el Colegio del Rey de Nuestra Señora de Eton que se llama, nada menos)
pero es el Real Madrid, y aquí, aparte de ganar títulos y jugar bien (se quiera
decir con ello lo que se quiera decir) se requiere un cierto grado de
excelencia. Un “cierto grado” muy elevado, que conlleva un comportamiento y una
imagen intachable tanto dentro del club como fuera de él. Que Sergio Ramos
celebra su boda de una manera estrambótica, es su vida privada y con ella que
haga lo que considere. Pero no se le puede permitir que en todo lo relacionado
con el Real Madrid vista y se comporte de un modo ajeno a lo que implica ser el
capitán del club. Incluso que use el coche que se le proporciona, que para eso
Audi pone un dinero como patrocinador, basta ya de verlo conducir utilitarios
excéntricos. Así, traje Hugo Boss y Audi, es mi última palabra.
Sé que es cierto que a un futbolista se le exige como premisa que juegue
bien al fútbol y ya, que no todos han tenido la misma formación académica,
educacional o cultural, y que ya toda la caterva antimadridista se rió de Ramos
con aquel memorable “morry crismas” del año 2012 como si ellos hablaran un
inglés propio del Eton College al que ya antes me he referido. También es
cierto que Ramos coqueteó con la idea de irse del Madrid, probablemente
intentando una mejora económica en su contrato, circunstancia que, supongo,
aquellos que le critican nunca habrán buscado en su vida profesional.
Ramos, el mamarracho, el
chantajista, el que está fuera de forma porque mentalmente ya se fue del Madrid
para degustar los millones orientales, es el mismo Ramos que ha marcado goles
trascendentales en la historia del Real Madrid. El mismo que ha secado
delanteros que parecían gigantes imbatibles hasta que se enfrentaron a él, el
capitán. Nuestro capitán. Y volviendo al Sr. 1776 y a la asamblea de socios
compromisarios, igual que haber ganado el campeonato del mundo de clubes no da
para sustentar al Real Madrid, a nuestro capitán, y a todos los que están por
debajo de él, se les debe exigir una imagen corporativa a la altura de la
institución que representan. Precisamente porque no somos el Eton College,
precisamente porque somos el Real Madrid.
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