Publicado en El Día de Zamora y El Periódico de Castilla y León el 4 de octubre de 2019.
Miren que
lleva años ocupando un espacio en nuestro paisaje habitual, pero el otro día me
detuve a mirarlo, incluso podríamos decir escudriñarlo. El edificio de la
Delegación de la Junta de Castilla y León, en el número 3 de la avenida de
Leopoldo Alas “Clarín”. Así de entrada, las veces que los zamoranos le dirigimos
la mirada, suele ser para averiguar la temperatura que hace y comentarlo: “Pues
el edificio de la Junta marca tantos grados”, como para rebatir o confirmar,
según, el calor o el frío que hace. Y la verdad que de poco más nos sirve el
inmueble, con lo que podríamos concluir que tenemos en medio de la ciudad un
termómetro gigante, pero no vamos a ser simplistas al menos por hoy. Si ustedes
tienen la desventura de adentrarse en sus entrañas, y digo desventura y aquellos
que hayan atravesado sus puertas me comprenderán, porque una vez que uno entra
no sabe cómo va a salir o ni siquiera si va a salir, en un principio todo
parece perfectamente estructurado por aéreas de trabajo y secciones, lo cual
provoca en el ciudadano una sensación de calma, de confianza en que se
encuentra en buenas manos. Pero ¡ay amigos! cuando uno cree haber adivinado a
qué lugar ha de dirigirse, empiezan los problemas. Subes a la planta que das
por hecho es la tuya y quedas atrapado como en una ilustración de M.C. Escher,
enredado entre los cables de la instalación eléctrica, los túneles del aire
acondicionado o engullido por la burocracia. “Vaya aquí, suba por este lado,
baje por el otro”, así se mueve el zamorano por las tripas de esa nave
plateada, esquivando trampas mientras el tiempo transcurre con la parsimonia
típica del papeleo y el funcionariado. Si se fijan, por las noches, pueden ver
a pequeñas figuras que parecen humanas golpearse como moscas desde dentro
contra los cristales, y uno sospecha que se trata de zamoranos que han ido
quedando atrapados dentro del edificio desde hace casi 30 años. Que la
población no está emigrando, sino que está apresada entre expedientes, cañerías
y parsimonia institucional, que hemos superado el “Vuelva usted mañana” de Larra
y evolucionamos hacia el “No salga usted de aquí”. Y ese día del que les he
hablado al principio, en el que me quedé mirando hacia el edificio de la Junta,
le pregunté a un paseante de la zona sobre esto que les he expuesto, a lo que
me respondió “y yo qué quiere que le diga”. Y así estamos, sin soluciones ni
respuestas.
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