Veamos, parto de la base de que están al día de la teoría de la causalidad de Hume, pero por si acaso, se la resumo. Según Hume, la relación causal se ha concebido tradicionalmente como una "conexión necesaria" entre la causa y el efecto, de tal modo que, conocida la causa, la razón puede deducir el efecto que se seguirá, y viceversa, conocido el efecto, la razón está en condiciones de remontarse a la causa que lo produce. Toma ya eh, esto no se lo esperaban. La cosa en resumen es que con la experiencia de la vida podemos saber, más o menos, lo que va a pasar según lo que hagamos. Y les digo más o menos porque si existiera plena certeza todo sería más aburrido. Más seguro sí, pero mucho más aburrido, pese a que a veces podamos llegar a pensar que bendito aburrimiento. Pues el otro día, no se lo van a creer, me encontré por la mañana, paseando por Valorio, a la experiencia vital. Sí, así como lo leen. Como no podía ser de otro modo, era una figura anciana, de larga barba, caminar pausado, pero muy borde. Y esto se lo digo porque al verlo tan frágil me acerqué hasta él para ver si necesitaba ayuda y se me puso muy cascarrabias con el hecho de que lo juzgara por su apariencia externa y nada más. La verdad es que me dejó un poco desconcertado, pero ya me dirán ustedes, se encuentran con un anciano de apariencia desvalida y ¿qué harían? Pero ya ven, a veces nuestros conocimientos empíricos fallan y es entonces cuando de nuestro comportamiento no podemos saber las consecuencias que van a derivarse. Diferente es cuando, ante acontecimientos ya sabidos, seguimos actuando del mismo modo con consecuencias lamentables. Aquí cabe aplicarse eso de que el hombre tropieza dos veces con la misma piedra para escalabrarse del mismo modo que lo hizo en la primera ocasión. ¿Y qué hacer entonces frente a situaciones primerizas? Intentar recurrir al sentido común, que miedo me da lo que ustedes entenderán por sentido común, pero no podemos acogernos a otra referencia.
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