La banalidad del mal

Publicado en El Adelanto de Salamanca el 5 de mayo.

Supongan ustedes que nacen en el seno de una familia judía allá por los inicios del siglo XX, y supongan también que lo hacen en Alemania. Sigan suponiendo. Estudian ustedes filosofía, teología y griego para después hacer su tesis doctoral en, nada menos, la Universidad de Heidelberg. Ahora dejen de suponer, porque lo que les cuento es por todos sabido. Llega 1933 a Alemania y de repente la vida para los judíos deja de ser tranquila, por decirlo de un modo muy sutil. Nuestra protagonista, se me había olvidado contarles que es mujer, a la vista de lo que se le avecina emigra a París, donde un poco más tarde los chicos de la esvástica también consiguen llegar, y tras estar internada en un campo de concentración, vuelve a escapar, esta vez a los Estados Unidos. Saltemos en el tiempo. Termina la guerra, pasan los años y como periodista del New Yorker, esta mujer de la que les escribo viaja a Israel a cubrir el juicio contra Adolf Heichmann, Teniente Coronel de las SS, nada menos que el responsable directo de la Solución final, principalmente en Polonia, y de los transportes de deportados a los campos de concentración alemanes durante la Segunda Guerra Mundial. Justo en este punto es donde se centra la película recién estrenada en Francia “Hannah Arendt”, la cual se ocupa del ensayo que Arendt escribió a lo largo del proceso, titulado “Eichmann en Jerusalén: informe sobre la banalización del mal”. El estudio recibió numerosas críticas centradas en dos aspectos. Por un lado, el papel que los líderes judíos habrían jugado en la elaboración de las listas de deportados. Por otro, la idea de que Eichmann sólo era un diligente funcionario, lector de Kant, alérgico a la violencia y empeñado en cumplir las órdenes, un ser banal al que la irreflexión “le predispuso a convertirse en el mayor criminal de su tiempo”. Para Eichmann, todo era realizado con celo y eficiencia, y no había en él un sentimiento de “bien” o “mal” en sus actos. Pueden comprender el impacto que tales afirmaciones, y más viniendo de una judía, tuvieron. La banalidad del mal, como concepto según el cual el mal no nace del individuo sino de las circunstancias que lo rodean, desencadenó críticas y acusaciones, y creó una de las grandes polémicas intelectuales del siglo XX. 

Hannah Arendt murió en Nueva York en 1975.

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