Llega el chino

Publicado en El Adelanto de Salamanca el 17 de febrero.


Bueno, llegar llegar no, porque no puede. Más que no poder, no le dejan. Y es que cosas así pasan a menudo en la nueva China, en esa China de la modernidad, del desarrollo, en esa China que ahora miramos de un modo benévolo porque hay mucho dinero de por medio, al mismo tiempo que recelamos de sus locales de todo a cien, de todo a un euro, sus restaurantes, o lo que sea. Por muchos chinos que ustedes vean por las calles de sus ciudades, hay uno, Ai Weiwei, que desde 2011 no puede salir de su país. Weiwei es un chino proscrito, pero es el mismo chino que deslumbra al mundo con su arte, el mismo que llenó con cien millones de pipas de porcelana la Sala de Turbinas de la Galería Tate de Londres, o el mismo que participó en el diseño de “El Nido”, el estadio nacional sede de los Juegos Olímpicos de Pekín 2008. Ahora, su obra llega a España, y lo hace a lo grande, con su “Resistencia y Tradición”, que acoge el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo de Sevilla (CAAC) hasta el 30 de junio. Pero Weiwei es su gran ausente. En el colmo de la paradoja, él no puede salir de China ni su arte exponerse allí. Se le acusa no pagar impuestos, difundir pornografía por posar junto a varias mujeres desnudas y ser un bígamo por haber tenido un hijo fuera de su matrimonio. En su defensa, él argumenta que solo se le puede acusar de ser un espíritu libre, una persona imprevisible, y eso en un régimen totalitario como el chino, donde se quiere controlar todo, es algo inadmisible. China no impide que realice exposiciones en el extranjero, las cuales monta con la ayuda de diferentes colaboradores con los que se comunica a través de internet, pero no un internet como el que ustedes y yo mismo disfrutamos a diario, sino uno censurado, lento, todo lo contrario de lo que debe ser internet. Una vez más, el arte usado como arma política, y la política inmiscuyéndose en el arte. Weiwei dice que es imposible que haya valores humanos, como el arte o la libertad de expresión, sin política. Y esa libertad de pensamiento es lo que le hace estar detenido cada dos por tres, lo que hace que su gobierno le tenga retenido el pasaporte, lo que le hace estar varado mientras su arte se mueve por todo el mundo.

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