Publicado en La Galerna el 19 de febrero de 2020.
Como
introducción: siempre critiqué a los que tradujeron “Saving private Ryan” como
“Salvar al soldado Ryan” y no como “Salvad al soldado Ryan”, haciendo un mal
uso del infinitivo como imperativo, pero alguien una vez me sugirió que el
nombre de la misión y su fin era el de salvar al soldado Ryan y que no debía
entenderse como un mandato u orden. Bueno, no me convenció así que para que no
queden dudas este artículo se titula “Salvad al soldado Carroll” como un
imperativo categórico, que según Kant es un mandamiento autónomo y
autosuficiente que ha de regir el comportamiento humano en todas sus
manifestaciones. ¿Exagerado? Para nada. Nuestro soldado Carroll, Jaycee Don
Carroll o Yeisi para los mortales, no milita en la compañía Charlie del segundo
batallón Ranger, ni actúa bajo las órdenes del capitán John H. Miller. Nuestro
Carroll actúa bajo el mandato divino de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días y bajo el mandato humano de Pablo Laso Biurrún, y
camina por la tierra con el corazón partido entre Madrid y Utah. En Madrid,
desde que en el verano de 2011 fuera reclutado por la sección de baloncesto del
Real Madrid ha ganado 2 Euroligas, 5 Ligas ACB, 5 Copas del Rey, 5 Súper Copas
de España y una Copa Intercontinental FIBA. 18 títulos en 9 años más lo que
pueda surgir. En Utah, desde que el pasado mes de noviembre su familia se
mudara a vivir allí. Yeisi (vamos a tomarnos cierta confianza pese a lo
trascendente del asunto) ha sido en estos años todo un referente en el ataque
del Madrid, un francotirador que con un ágil movimiento apuntaba, tiraba y
anotaba, haciendo sonar la red de esa manera que a los que hemos jugado al
baloncesto nos encanta escuchar, ese leve susurro del balón entrando en la
canasta sin rozar el aro: shhhhh y sin darse cuenta tu rival está
sacando de fondo y con tres puntos más en su contra. Hay algo de mágico e
inevitable cuando Yeisi coge el balón para lanzar a canasta. Da igual que el
pase sea medido o que le llegue el balón a la altura de los pies; él lo recoge,
ejecuta un movimiento lumbar, da un salto, y mientras todo eso sucede, su brazo
y su antebrazo han formado un ángulo de 45 grados a la vez que su muñeca
envía la pelota hacia el aro contrario. El resultado suele ser ese shhhhh del
que ya les he escrito. Recuerden el final del segundo partido del playoff de la
liga del año pasado y podrán visualizar toda la descripción de este proceso.
Pero Carroll es mucho más que un tirador; ha modificado su físico para
aplicarse tanto en defensa como para, en ataque, poder soportar las defensas de
jugadores más grandes y fuertes que él. Ahora Yeisi entra en la zona como un
ciclón sin miedo al choque consiguiendo muchas opciones de 2+1, y defiende al
nivel que Laso exige que no es poco decir. Pero desde noviembre Yeisi no ríe, ha perdido cierto nivel de la magia que le rodeaba, ha pasado de su
eterna sonrisa a instalarse sobre él una sombra de melancolía, sus porcentajes
de acierto han bajado y el club le dio permiso para pasar las navidades en Utah
pese a que ni liga ACB ni Euroliga pararon. Se escucha en voz baja que se
retira, que no soporta vivir separado de su familia con un océano de por medio,
se susurran nombres para sustituirle, el de Ryan Broekhoff, compañero hasta hace poco de Doncic
en Dallas y al que Luka ya habrá adoctrinado en la fe madridista, o el de Axel
Bouteille, que tras ver pasar al Madrid en esta Copa del Rey estará deseando
cambiar el negro por el blanco. Pero no, nos negamos a creer que nuestro Yeisi
se vaya. Y si hay que traer ladrillo a ladrillo su mansión de Utah hasta algún terreno
baldío de Valdebebas para que su familia esté aquí, se trae. Todo esfuerzo será
poco para nuestro Yeisi. Es más, agarrémonos a su fervor religioso para que su
dios le haga ver que como aquí en ningún sitio y que de Madrid al cielo, que
esa lejana Utah puede esperar. “Yeisi quédate, Yeisi quédate” se gritaba en el
Martín Carpena de Málaga el pasado domingo, tras ganar la Copa del Rey con 20
puntos y cuatro triples de su cuenta. A ello respondió diciendo sentirse "muy
agradecido" por el cariño de los aficionados y terminó aseverando que "hay
mucho baloncesto por delante".
Esperemos que ese baloncesto siga dejándose ver por Madrid, de blanco y con el
20 a la espalda. Camino de los 37 años, al bueno de Yeisi todavía nadie le puede parar.
Puedes seguirme en twitter en @cuadrablanco. No es
obligatorio.
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