Imaginen.


    Publicado en El Día de Zamora y El Periódico de Castilla y León el 26 de octubre de 2018.

El pasado 23 de octubre de 2018, sí, de 2018, el presidente estadounidense Donald Trump anunció abandonar el Tratado de Armas Nucleares de Medio alcance que mantiene con Rusia desde la Guerra Fría, y ya puestos, aprovechó también para afirmar que está dispuesto a reforzar su arsenal nuclear. A nivel más de andar por casa, a poco perspicaces que sean ustedes, habrán notado un algo que podríamos llamar “revival aznareño”, sí también en 2018, lo que entre unas cosas y otras nos lleva a deducir que vivimos una resurrección de modas de otras épocas que nos dan la apariencia de vivir en los años 90 o más atrás incluso. ¿Qué nos está pasando? ¿Se nos han acabado las ideas? ¿Molaban tanto la Guerra Fría o Aznar que nos vemos obligados a volver a abrazarlos como se abrazan los familiares que vuelven a casa por navidad en los anuncios propios de la época y que están al caer? No les voy a hablar ya de lo de sacar a Franco de su mausoleo para llevarlo a vayan a saber dónde. Esta idea, con independencia de lo que piensen ustedes al respecto, lo que está ayudando sobre todo no es a desenterrar a Franco, sino a hacer aflorar a toda la caspa franquista que sigue viviendo en nuestra sociedad, infiltrada, que incrédulamente dábamos por erradicada pero cual cucarachas, cuando menos te lo esperas, zas, reaparecen. Y dan el mismo asco, sí. Y ahora imaginen. Igual que cuando se ponen frente a una escalera y observan como el suelo se pliega de manera caprichosa hacia abajo (o hacia arriba, depende de la perspectiva) y ese pliegue les permite subir o bajar y poder alcanzar así una planta superior o su siamesa inferior (desplazarse por las escaleras de derecha a izquierda es absurdo), el tiempo se está plegando de un modo similar, lo cual provoca que este otoño-invierno vuelva el “animal print” (o estampado animal), el franquismo y la guerra fría. Ello constata que no cualquier tiempo pasado fue mejor, todo lo más fue anterior, y que la nostalgia es una trampa. Si bien las escaleras nos permiten movernos, el volver a traer a 2018 cosas que debieron quedarse en su momento temporal sólo provoca desajustes, estancamiento y malestar. Porque, puestos a rememorar ¿recuerdan ustedes lo que con 500 pesetas hacían en los 80/90? Pues ahora piensen lo que pueden hacer hoy con 3 €uros. En efecto, cabrearse.

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