Publicado en El día de Zamora el 27 de septiembre.
Y sí, han leído bien. No me estoy refiriendo a la chanza o chascarrillo que se ha venido utilizando estos años con diferentes fines de “con Franco esto no pasaba”, no. Me refiero a que estamos viviendo situaciones que ya vivimos con nuestro Caudillo por la Gracia de Dios, que también, maldita la gracia de Dios eh. Así, está a punto de entrar en vigor el llamado Código Penal de Gallardón, cuyo proyecto muestra un notable retroceso respecto al que fue denominado Código Penal de la democracia, aprobado en 1995. Los penalistas suelen referirse a los códigos penales como una “Constitución en negativo”: allí donde la Carta Magna establece derechos fundamentales, el Código Penal establece los límites de las libertades, las líneas rojas que no se deben traspasar. Y en este sentido, el Código de Gallardón deja en negativo muchas de las libertades que tanto nos ha costado conseguir. El establecimiento de la cadena perpetua revisable es, sin duda, el mayor retroceso penal desde la transición, y es de todo punto incompatible con el actual texto constitucional, el cual establece que las penas privativas de libertad y las medidas de seguridad estarán orientadas hacia la reeducación y reinserción social. Junto con esto, también se criminalizan las nuevas formas de resistencia social, y desaparecen las faltas para convertirse o bien en delitos leves, o bien en infracciones administrativas. En lo referente a los delitos contra la propiedad supone consecuencias regresivas, dado que los hurtos y los delitos contra la propiedad intelectual inferiores a 400 €uros, que hasta ahora eran faltas, se convierten en delitos leves que generan antecedentes penales. También acciones de protesta como las protagonizadas en supermercados por la Plataforma de Afectados por la Hipoteca, o el menudeo conocido como “Top Manta” no quedarán en un simple juicio de faltas, sino que conducirán al banquillo de un juicio penal por delito. Vemos con estos ejemplos que la reforma del Código Penal planteada por Gallardón pretende adelantar las líneas rojas de las que les hablaba al principio hasta tal punto que colocará a los activistas sociales en la situación de marginalidad de los proscritos. La Ley de Vagos y Maleantes se refería al tratamiento que había de darse a vagabundos, nómadas, proxenetas y cualquier otro elemento considerado antisocial y posteriormente fue modificada para reprimir también a los homosexuales. Gallardón nos señala el camino, con Franco esto ya nos pasaba.
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